Crujidos secos azulados se repetían en un eco sordo por todo.... el espacio, suponía que había un espacio, percibía que tenía que estar en algún lugar físico pero tenía claro que ella había dejado de tener su forma habitual.
Algo pringoso y dulce se estaba deslizando por una... pared, parecía una pared, lo que quedaba de su consciencia luchaba por etiquetar las cosas que la... rodeaban, encuadraban, triangulaban... bueno, el supuesto espacio en el que se hallaba su ser, lo que quedaba.
Su situación actual le recordaba en cierta manera a aquellos días de su niñez en los que trasnochaba desobedeciendo a su madre y al día siguiente tanto su mente como cuerpo parecían hallarse fuera del contexto habitual, aunque ahora la gravedad y las direcciones no parecían formar parte de ese mundo.
Una culebra serpenteante de escalofrios se retorcia en algun rincón de aquel misterioso lugar, forzó el alma para tratar de ver con sus ojos, esos que ya no poseía, sospechaba que si insistía en creer en ellos el que no fueran físicos no impediría que viera algo, así fue, poco a poco se fue despertando su entendimiento y el recuerdo de como había llegado allí.
Desde su mundo opaco pero repleto de bellezas de la naturaleza había pasado a enamorarse locamente de un hombre irresistible, como en las leyendas que escuchaba de pequeña, sin saber como, se había dejado llevar por él, aunque su instinto le dijera que era sospechoso que los ojos de el cambiaran de color sin contar el perfume inexistente en su piel.
Se unieron en un jardín bellísimo, llevaba un vestido azul de gasa que le había regalado, algo que jamás habría soñado llevar por su condición social, lo peor es que sabía que aquello era un sueño, no, peor que un sueño, no duraría ni un instante ya que él no era humano, era... todo se había desarrollado con asombrosa rapidez, chispazo azul cobalto, vibración de pedazos de piel sangrienta, la perdida de su identidad física, la absorción de su energia, como él se había aburrido y ahora poco a poco se comprimía en lágrimas negras de azucar putrefacto hasta chocar con las temblorosas manos de él que no era Él, sino otro, su hijo parecía tener más remordimientos y la convirtió en algo hermoso, un pequeño corazón brillante.